Estás a punto de empezar un poema
y en Radio Clásica no se les pasa
otra cosa por la cabeza que poner
un fragmento del Clave bien temperado.
De un manotazo, abandonarse
a ese átomo que lo es todo,
que transforma en preludio esta fuga
derramada a contrapunto. Ahí está
Bach de nuevo, cronometrando
la eternidad.